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ASPECTOS PSÍQUICOS DE LAS RELACIONES DE PAREJA EN EL MALTRATO FAMILIAR

Resumen

Este es un tercer intento de aproximación desde el psicoanálisis a una problemática compleja como es el maltrato familiar. Justificaremos en esta comunicación porque preferimos la acepción de maltrato familiar a otras como maltrato de género, violencia machista, etc… Así mismo, se abordará la cuestión de que, para llegar a una situación de maltrato, tiene que existir previamente un determinado tipo (o tipos) de relación de pareja, una concepción del amor particular, y esto, tanto por parte del que infiere el maltrato como del que lo recibe. Además de que el que lo infiere tiene un sentimiento de propiedad sobre el “partenaire”. Analizaremos con el instrumento psicoanalítico, cuáles son las condiciones previas que podrían conducir a estas situaciones de maltrato.

Introducción

Nos pareció interesante comenzar con un pequeño matiz acerca de los términos de violencia de género o machista y violencia o maltrato familiar. Posteriormente, quisimos indagar algo más en la noción de machismo y sus implicaciones en el maltrato. Nos dimos cuenta tras analizar muchos casos y revisar la literatura al respecto, de que la posición de la mujer maltratada es una posición objetal y que el motor de todo su cambio es haber conseguido o estar en el camino de conseguir una posición de sujeto. Ello nos llevó a hacer una pequeña revisión histórica de esa transición entre mujer objeto y mujer sujeto.
Posteriormente analizamos sucintamente, y sin ánimo de concluir nada definitivamente, sino para abrir caminos a la investigación, los aspectos de determinados concepciones del amor y de las relaciones de pareja que podrían estar en juego en el maltrato.

Fundamentos de la diferenciación entre maltrato de género y maltrato familiar.

El maltrato familiar es un problema acuciante, siendo actualmente la primera causa de muerte en mujeres europeas entre los 16 y los 44 años, por delante de los cánceres y de las enfermedades coronarias. Podríamos decir que es un cáncer social.

Las autoras preferimos la acepción de maltrato familiar a la de maltrato de género (sin mucha confianza en que esta acepción se extienda en los círculos en los que el tema ocupa y preocupa), porque la primera señala la relación existente entre los dos implicados. No es cualquier hombre el que ejerce el maltrato sobre cualquier mujer, sino que es el marido, novio, exmarido, exnovio, es decir, un hombre que ha mantenido (o mantiene) una relación amorosa con la víctima, una relación familiar, el implicado en el maltrato.

Es decir, no es un maltrato de hombres sobre mujeres, sino de parejas sobre su partenaire. Insistimos en esto, porque hay una tendencia a equiparar hombre con maltratador y mujer con víctima, que nos parece se refleja en el uso del término maltrato de género, y es obvio que no todos los hombres son maltratadores ni todas las mujeres víctimas.
Maltrato familiar sería aquel infringido en el seno de una relación de pareja, independientemente del tipo de la misma. Frecuentemente el maltrato se agrava cuando la relación por parte de uno de los miembros, generalmente la mujer, se “rompe”.

Para el Psicoanálisis, no hay relación de objeto armónica. El objeto genital, la ilusión de una" pareja perfecta" parte de una particular interpretación del mito de Aristófanes (que Platón recoge en el diálogo El banquete), del cual se desprende la idea de la "media naranja". Según este autor, habría existido un ser completo, esférico, que poseía los dos sexos. Este ser habría sufrido una escisión, y desde aquél momento, una mitad busca afanosamente a la otra.

En todos los tiempos, la concepción que el hombre ha tenido del amor ha sido resultado de una escritura. La dama, la mujer del amor cortés fue una producción de los trovadores. Es esa dama inmóvil, congelada, inerte, cuyo único propósito es dejarse amar, ser adorada, ser objeto de amor del otro. Mujer objeto.

Tuvo que llegar otra escritura: la escritura que funda el campo psicoanalítico, para que Ella se preguntara por su deseo. La muñeca inanimada de los trovadores, cobra vida y comienza su andadura como mujer deseante. Una mujer que más allá de preocuparse por ser amada, tarea en la que había empeñado hasta entonces su vida (pues sabemos cuan alto precio pudo llegar a pagar por ese amor: la escritora feminista Betty Friedan llega a decir que el amor es el opio de las mujeres), se hace responsable de su deseo, de su capacidad de gozar, de amar, de producir: Mujer sujeto.

Las necesidades sociales, con la revolución industrial y la partida a la Primera Guerra Mundial de los hombres, que despobló las fábricas, dieron el primer empujón a la mujer para su introducción masiva en el mundo laboral. Sabemos que esa introducción en el mundo laboral, junto con la posibilidad de ser formada, son los pilares centrales sobre los que gira toda la liberación femenina.

El machismo y su relación con el maltrato familiar

No hemos hallado un lugar donde quede claro qué es el machismo, es obvio que todos tenemos una idea de ello, pero cuando queremos argumentar algo más científicamente, la cosa no está tan clara, así que vamos a intentar acercarnos a esta noción: podemos decir que una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia, o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en otras actitudes disfrazadas de proteccionismo, por ejemplo: antes del siglo XIX, se impedía a las mujeres ejercer la Medicina, escudándose en que ellas eran más débiles y por ende más susceptibles a las infecciones, motivo por el cual no debían ejercer esta carrera, en pos de proteger su salud.

Según el diccionario de la RAE el machismo es una actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

Como ya habíamos mencionado, no hay comportamiento humano que no tenga su sustento en una escritura, así como tampoco hay comportamiento humano en el que no haya un sustrato inconsciente.

¿Cuál es la escritura que sustenta el machismo? Ya Aristóteles defendía en sus obras la superioridad del hombre sobre la mujer. Él era ciudadano de la polis, mientras que ella no lo era. No parece que sea muy correcto afirmar que Aristóteles era por ello machista, primero porque la palabra ni existía entonces, y segundo porque hay que tener en cuenta que quizás no había transcurrido el tiempo necesario para que se comprendiera algo acerca de la mujer. Lo femenino, y con ello la aceptación de la diferencia, es la última construcción de cada sujeto. ¿Por qué iba a ser diferente para la Historia de la Humanidad? También pensar lo femenino llevó y lleva su tiempo, porque no es algo que se haya concluido ni mucho menos. Además, sus aportaciones a la lógica o a otras áreas de la filosofía no tienen menos valor porque haya errado al considerar a la mujer. Los progresos del pensamiento y los hallazgos de la ciencia, no tienen sexo, los hayan realizado hombres o mujeres, benefician por igual a hombres y a mujeres.

Sin embargo, siempre hubo hombres adelantados a su tiempo, p. ej. Averroes, fiel seguidor en todo punto de las doctrinas de Aristóteles, difirió de él en su concepción sobre la inferioridad de la mujer. Fue quizás uno de los primeros pensadores que escribió sobre la “igualdad de valor de hombres y mujeres”.

Con respecto al fundamento inconsciente de los actos humanos, recordar que según Hopkins, reconocida experta en genética del cáncer, y una activista contra la discriminación en ciencia, hay ciertas actitudes machistas de un calado tan profundo, que no son identificadas ni por las que lo sufren, ni por los que lo ejercen, ella las denomina machismo inconsciente. Machistas inconscientes podríamos decir que de alguna manera, en algún momento y en alguna medida, somos todos, porque todos, tanto hombres como mujeres, pasamos por un momento de menosprecio de lo femenino. Freud nos lo interpreta, para que podamos otra cosa, para que podamos sobreponernos como hombres y mujeres a ese menosprecio. Freud señaló las diferencias sexuales, postuló que las diferencias anatómicas no eran las únicas existentes entre hombres y mujeres, después toda una corriente conocida como feminismo de las diferencias, apuntó hacia esta aseveración de Freud, pero diferente no es peor o inferior, es simplemente diferente. Tampoco todos los hombres son iguales entre sí ni todas las mujeres entre ellas, incluso un hombre, una mujer, son diferentes de sí mismos según sus circunstancias. Por lo que se debe luchar, como insiste Friedan en su Mística de la Feminidad es porque esa desigualdad no se traduzca en una desigualdad laboral, económica, de acceso a la formación, etc. Si se trata de lograr alguna igualdad es la de la equiparación de los salarios.

 El desprecio a la mujer, su repulsa y hasta el horror a ella se derivan generalmente de avatares del proceso de la constitución del sujeto, sea hombre o mujer, en relación al complejo de Edipo y al complejo de castración, que presentan algunas diferencias para el niño y para la niña. En el niño, el complejo de castración es la salida (el final) del complejo de Edipo, mientras que para la niña es la entrada en el complejo de Edipo.

Tanto en el niño como en la niña hay un momento donde se atribuye a la madre falo. La prematuridad del niño/a hace que le atribuya al ser que ocupa la función madre, una totipotencia. La castración consiste en “desatribuir” a la madre el falo y en renunciar a este primer objeto incestuoso (la madre), deviniendo inconsciente la relación con él. Esta operación tiene que ver con aceptar la intervención paterna en la procreación.

Las respuestas a la pregunta que comanda la investigación sexual infantil, ¿de dónde vienen los niños?, pasarán por las teorías sexuales infantiles (en la fase oral, la procreación tiene que ver con la ingesta de algún alimento o, en la fase anal, los niños se paren por el ano, etc.) y culminarán con el descubrimiento de la existencia de la vagina y del coito: la llegada de lo femenino, el reconocimiento de la diferencia sexual. Con este reconocimiento de que como humanos procedemos del sexo, nos llega la mortalidad. Si provenimos de padre y madre, pertenecemos a una especie que se reproduce por sexuación, entonces, somos seres mortales. No obstante, ya se puede hablar de una primera diferencia en la fase fálica, donde hay una cierta subordinación a lo genital (más concretamente al genital masculino), la diferenciación que aquí se establece es del orden de fálico/castrado: ambos fantasean: “Si la niña no lo tiene, es porque lo ha perdido (ha sido castrada), o ya le crecerá”. Es decir, en este momento hay un pequeño niño femenino y un pequeño niño masculino, ambos en función fálica. En esta etapa, para el niño/a hombres y mujeres son iguales, todos fálicos, pero algunas mujeres “han perdido el falo o aún no les ha crecido”. Tanto el niño como la niña le atribuyen falo, no sólo a ambos sexos, sino también a los objetos inanimados, así, en el caso Juanito (un caso de Freud de fobia en un niño de 5 años, donde nos muestra la teoría sexual infantil), vemos su curiosidad en esta fase dirigida a los genitales del caballo pero, también, al ver que el tren de vapor tiene un tubito debajo, por el cual expulsa el agua, se agacha para observarlo y pregunta si esa es “la cosita de hacer pipí del tren”.

Tras el complejo de castración, con la metamorfosis de la pubertad, en la investigación sexual, se resignifica la existencia de la vagina y del coito, quedando simbolizada la falta (realización simbólica de la falta fálica). Lo que le falta al sujeto es la inmortalidad, es un ser mortal por pertenecer a la especie humana. Aquí también hay una aceptación de que el mundo precede a cada sujeto, y seguirá habiendo mundo cuando él desaparezca.

El horror a lo femenino, el desprecio a la mujer, tanto para el hombre como para la mujer, estaría en relación con la falta de “pene”, en tanto esto le recuerda al sujeto su propia castración, su mortalidad.

Todos somos machistas, tenemos prejuicios arraigados contra la feminidad, si queremos ser otra cosa, tendremos que hacernos cultos. Se dice que detrás de cada hombre, siempre hay una mujer y es verdad: la madre. El machismo es debido al desprestigio de la madre en la constitución sexual infantil, con ella quedan desprestigiadas todas las mujeres. La castración de la madre, que es la castración del sujeto, que tiene que ver con quitarle esa atribución de totipotencia, puede ser intolerable para el sujeto, y para seguir creyendo que su madre es perfecta es necesario creer que todas las demás mujeres son imperfectas, castradas o casquivanas.

El machismo es la vigencia de la sexualidad infantil en el adulto, se trate de un hombre machista o de una mujer machista.

Si todos padecemos en cierta medida de machismo inconsciente, no parece muy acertado decir que la violencia contra la pareja se produce porque el hombre es machista, además del machismo, del desprecio a lo femenino, deben existir otros condicionantes de la violencia, como veremos en el curso del trabajo. Por eso el término violencia machista no nos parecía tampoco el más acertado.

Notas históricas para pensar el paso de la posición de objeto a la posición de sujeto en la mujer

No pretendemos resumir todos los triunfos que la mujer ha logrado en los últimos siglos en tan breve espacio, así que lo que vamos apuntar son sucintas notas.

Aunque siempre hubo mujeres que escaparon al destino que se preveía para ellas de seguir los cánones sociales establecidos y podemos ver en ellas exponentes de la liberación femenina, los ancestros del movimiento feminista se suelen asentar en lo que se conoció como La Querella, movimiento anterior a la Revolución Francesa. La Querella de las mujeres fue un complejo y largo debate filosófico, político y literario que se desarrolló en Europa durante parte de la Edad Media y a lo largo de toda la Edad Moderna, hasta la Revolución Francesa; es decir, hasta finales del siglo XVIII. Fue un debate en el que muchos trataron de demostrar la "inferioridad natural" de las mujeres y la "superioridad natural" de los hombres.

Triunfa por entonces en las universidades europeas la teoría de Aristóteles que se conoce como la "polaridad entre los sexos". Señala que las mujeres y los hombres son significativamente diferentes y que los hombres son superiores a las mujeres. El triunfo de la ideología desprendida de esta teoría, abiertamente hostil a las mujeres, en las universidades se dio a partir de mediados del siglo XIII; cuando las obras de Aristóteles se convirtieron en textos de lectura obligatoria en una de las principales universidades de la época, la Universidad de París (1255), Universidad a la que siguieron otras.

Se impuso, mediante el poder académico sobre otra teoría que habían defendido escritoras muy importantes del siglo XII como Herralda de Hohenbourg e Hildegarda de Bingen, que se llamaba de la "complementaridad entre los sexos" y que decía que los hombres y las mujeres son significativamente diferentes, pero son iguales (en valor).

Esta situación cambió en torno al año 1400 cuando intervino en la Querella, Christine de Pizan. Ella le dio a la Querella de las mujeres, por primera vez que sepamos, contenidos feministas. Desde ese momento, la Querella conservó esos contenidos feministas y desarrolló otros nuevos mientras duró en Europa, es decir, hasta la Revolución Francesa.

La obra de Christine de Pizan formula con claridad por primera vez en Europa el proyecto de igualdad entre los sexos; una igualdad que se entiende entonces como igualdad ante el conocimiento (no como valor igual de lo femenino y lo masculino), y que se opone a la teoría de la "polaridad entre los sexos" de Aristóteles.

Fueron importantes también del feminismo los escritos de Mary Wollstonecraft, coetánea con el movimiento de la Revolución Francesa, concretamente Vindicación de los derechos de la mujer (1785).

Posteriormente, la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (redactada en 1789 por Olympe de Gouges para ser decretada por la Asamblea Nacional Francesa) pretendía devolver a la mujer el lugar de ciudadana, que le había sido negado en el discurso aristotélico.

Un paso importante para el feminismo americano fue la Declaración de Seneca Falls (1848), que a pesar de su marcado tinte cristiano, defendía sobre todo el derecho a la expresión de la mujer y a su intervención en la toma de decisiones.

Todos estos fueron pasos importantes para a la mujer como sujeto, paso que dio definitivamente el Psicoanálisis, como habíamos señalado, haciendo posible pensar una mujer que se haga responsable de su deseo, de su capacidad de gozar, de amar, de producir: Mujer sujeto.

Sería conveniente diferenciar también feminismo de hembrismo. La actitud que se le imputa a los machistas de menosprecio a la mujer, en el hembrismo se atribuiría a las mujeres con respecto a los hombres. El machismo no es un cuerpo de teorizaciones, los hombres no han precisado nunca unirse para defender su discriminación con respecto a las mujeres, pero sí está sustentado en una escritura, en las producciones escritas de humanos. Defender el hembrismo sería retornar a un mundo de superiores e inferiores en relación al sexo, que es precisamente lo que se quería desterrar desde los inicios del feminismo.

Las concepciones de las relaciones de pareja y su implicación en el maltrato

Como hemos venido diciendo a lo largo de nuestra exposición, para llegar al maltrato, es necesario pensar de una manera determinada –las más de las veces inconsciente- las relaciones de pareja, el amor o tener una determinada manera de sentir los celos.

La mujer ha sido socialmente objeto de intercambio (en determinado momento histórico era la norma que las familias de la nobleza “entregaran” a su hija en matrimonio sin consentimiento de la misma) a cambio de poder, prestigio o dinero. La mujer del amor cortés (una producción de los trovadores) era también una mujer objeto.

Pero esto que nos puede parecer algo del pasado sigue ocurriendo actualmente, no sólo en la realidad material (en algunos países las niñas siguen siendo vendidas por su familia) sino también en la realidad psíquica, de tal manera que hay mujeres (o todas las mujeres en algún momento) que se posicionan en este lugar de objeto del deseo del hombre. En esta posición lo único que importa es el goce de él, el goce de ella queda supeditado al de él: si él goza, ella goza porque él goza. En esta posición de objeto, a ella lo único que le interesa es sentirse amada, no le interesan ni siquiera las características de ese amor, simplemente buscan que alguien les diga que las ama.

Recogimos testimonios de mujeres maltratadas durante nuestra labor analítica, estas frases están tomadas de ellos:
1) Una mujer que finalmente, después de 30 años de maltrato físico y psicológico, denuncia al marido y después dice: “No le denuncié antes porque le quiero, y le sigo queriendo”.

2) Otra mujer después de ser golpeada, denuncia a su pareja y días después acude a retirar la denuncia, cuando el abogado le pregunta porqué lo hace, niega los hechos y más tarde nos dice que ha retirado la denuncia porque lo ama.

Llamaría la atención de cualquiera esta persistencia del amor a pesar del trato vejatorio que reciben.

Con respecto al amor, hay dos tipos de elección de objeto amoroso. Una forma narcisista, en la que se elige según la propia imagen de uno, y otra forma de apoyo o anaclítica, en la que se elige según modelos parentales (un hombre o una mujer que le recuerda al sujeto a su madre o a su padre).

Podíamos decir que en estos dos ejemplos, el amor que profesan a sus parejas, es un amor narcisista, ellas no aman, sino que necesitan ser amadas. Se quedan con ellos por miedo a perder el amor. Lo aman en la medida en que sienten que él las ama.

Volviendo a la posición de objeto que la mujer toma a veces en una relación, tenemos que tener en cuenta que eso es un reducto histórico, a ella le resulta más fácil mantener esa posición que adquirir una posición de sujeto, de amante en lugar de amada. Poder expresarse en su singularidad en lugar de en función de su pareja.

Con respecto al objeto erótico, en el acto de amar, el objeto debería ser contingente, es decir: cuando se ama lo importante es amar y no tanto a quien se ame, sin embargo, en este tipo de relaciones se observa que el objeto se concibe como necesario, es como si pensaran que ese es el hombre al que aman y no puede ser otro, hay una fijación del objeto.

- Los celos:

Por parte de ellos, para maltratar física o psíquicamente a una mujer hay que tener sobre ella un sentimiento de propiedad. Aquí entra el problema de los celos, que es un desencadenante del maltrato en muchos casos. Para sentir celos del otro, hay que tener un sentimiento de propiedad sobre el otro. Si no se cree que el otro le pertenece, no es posible que la relación con otras personas: amigas, familiares, compañeros de trabajo... –muchas veces sólo fantaseada- lleve a un sentimiento de celos tal -con su correlato de agresividad- que se maltrate a la pareja.

Estas relaciones de pareja, son usualmente interpretadas por el agresor como relaciones de pertenencia. “La maté porque era mía” no es una frase al azar. Para llegar a la aniquilación del otro, el agresor debe tener sobre la víctima un sentido de pertenencia, de propiedad. Pero lo que nos pertenece son las cosas. El concepto de propiedad privada, relativamente reciente en el devenir histórico humano, no puede ser, desde que se abolió la esclavitud, aplicado a los humanos, sino sólo a las cosas. Sin embargo, sabemos que hoy en día sigue habiendo esclavos, no sólo en los regimenes laborales, sino también en las relaciones maritales. Es decir, que aunque como hecho social se haya abolido la esclavitud, en la manera de pensar las relaciones de muchos, sigue viva.

Hay muchos hombres que piensan que la mujer con la que están casados, o con la que conviven, es suya, les pertenece, igual que si fuera una cosa, un objeto. Y la situación es aún más grave, ya que también hay muchas mujeres hoy día que siguen pensando que pertenecen a sus maridos. Una mujer que sabe que es libre, que no pertenece a ninguna persona en concreto, es muy difícil que caiga en una situación de maltrato mantenida.

- El narcisismo de las pequeñas diferencias:

Otra de las causas frecuentes del maltrato es consecuencia de una concepción del amor aprendida en la familia primitiva (los padres y hermanos del sujeto) y que se pretende repetir con la pareja. Es lo que llamamos el narcisismo de las pequeñas diferencias: cuando una pareja decide convivir, son dos “maneras familiares” que se encuentran, y como es natural, cada uno piensa que su familia es mejor que la del otro, las diferentes maneras de hacer, de pensar, generan agresividad porque son vividas como una crítica, entonces se entra en una dinámica de querer borrar las diferencias, de querer abolir la singularidad del otro. Además, cuanto más parecidos son los miembros de la pareja, más se exacerba el narcisismo de las pequeñas diferencias, y como a veces todo el empeño de ella es darle a él los gustos, termina pareciéndose tanto a él que cada vez se exacerba más este narcisismo de las pequeñas diferencias.

Conclusiones abiertas

Como conclusiones para abrir caminos por donde se pueda continuar la investigación, hemos arribado a las siguientes:

1) La posición que adquiere la mujer en las relaciones de pareja en las que existe maltrato es una posición objetal.
2) Una mujer en posición de sujeto, es muy difícil que caiga en una situación de maltrato.
3) Históricamente fue todo un proceso construir una posición de sujeto para la mujer, individualmente, cada mujer debe conquistar esa herencia producida por la historia.
4) De machismo inconsciente padecen tanto el hombre como la mujer en algún momento de su constitución, así que para poder ser otra cosa, también hay que trabajar el machismo en la mujer. Atribuírselo sólo a los hombres impide que sea procesado en las mujeres.
5) Es importante revisar las concepciones del amor y de las relaciones de pareja porque en ocasiones pueden llevar a tolerar lo intolerable a cambio de un poco de amor.

Bibliografía

1. El segundo sexo. Simone de Boeauvier. Editorial Feminismos. 1ª ed 1949.
2. La mística de la Feminidad. Betty Friedan. Ed Sagitario. 1965.
3. Vindicación de los derechos de la mujer. Marie Wollstonecraft. (1º ed 1792) Cátedra. 1996.
4. Texto de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, Olympe de Gouges. 1791.
5. Texto de la declaración de Seneca Falls.1848.
6. Tres ensayos para una teoría sexual. 1905. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
7. Análisis de la fobia de un niño de cinco años. Caso Juanito. 1909. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
8. Sobre una degradación general de la vida erótica. 1912. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
9. La organización genital infantil - (Adición a la teoría sexual) - 1923. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
10. La disolución del complejo de Edipo. 1924. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
11. Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica.1925. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
12. Sobre la sexualidad femenina. 1931. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
13. Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis. La Feminidad. 1932. Sigmund Freud Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.
14. De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Jacques Lacan. Ed siglo XXI. 1976.
15. La Violencia de Género es la principal causa de muerte o invalidez entre las europeas de 16 a 44 años, por encima del cáncer o de las enfermedades coronarias. Ángela Sierra González. Consejo Asesor de RCE (red de ciudadanas europeas). Blog subvencionado por el Ministerio de Igualdad.
16. La querella de las mujeres: una interpretación desde la diferencia sexual María-Milagros Rivera Garretas.
17. La diferencia sexual en la historia de la filosofía. Wanda Tomassi. Ed. Narcea 2002.

Dra. Pilar Rojas

 

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