VII
CONGRESO VIRTUAL DE PSIQUIATRÍA
INTERPSIQUIS 2006.
DETERMINANTES PSÍQUICOS DEL MOBBING CON RESPECTO
AL AGRESOR
I. INTRODUCCIÓN
Palabras clave: mobbing, agresividad, celos, envidia, amor.
Con la palabra inglesa mobbing, se pretende señalar una situación
de maltrato psicológico, acontecida en el medio laboral, y
que tiene como resultado el aislamiento del trabajador del mismo
medio.
El fenómeno comenzó a estudiarse a principios de los
ochenta por el psicólogo alemán Heinz Leymann.
Desde el punto de vista jurídico, está legislado el
derecho del trabajador a un trato digno en su lugar de trabajo.
Según la Tercera encuesta europea sobre condiciones de trabajo
2000, publicada por la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), la incidencia de afectados por el mobbing se calcula en 13
millones de trabajadores de Finlandia, Reino Unido, Países
Bajos, Suecia, Bélgica, Portugal, Italia y España en
1999. La cifra corresponde a una media del 9% de los asalariados
en los países consultados y supone un millón más
que en la misma encuesta de 1995.
En España, el mobbing afecta a 750.000 trabajadores (un 5%
de los asalariados), según una encuesta de la Fundación
Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo, basada
en 21.500 entrevistas.
Tras revisar
la literatura existente sobre el mobbing, hemos de reseñar que si queremos
abordar la cuestión de manera científica y rigurosa, sorprende
que las páginas de los autores más reconocidos sobre el tema
acojan en ocasiones juicios morales y opiniones, más que
de una verdadera investigación psicológica de las causas últimas
del mobbing. A este respecto, el catedrático de psicología de
la Universidad Complutense José María Prieto, experto en programas
de optimización de recursos humanos, previene para que no se caiga en
el “victimismo”.
En esta comunicación pretendemos resaltar los factores psíquicos
inconscientes, en juego, centrándonos especialmente en la
posición psíquica del agresor.
Gran parte de la vida del sujeto transcurre en el lugar de trabajo,
por tanto es habitual que muchas de las relaciones se establezcan
allí, y que surjan todo tipo de afectos entre los trabajadores.
Para estudiar el proceso de mobbing, debemos tener en cuenta algunas
generalidades sobre el trabajo. Decimos que trabajar es ocupar
una función dentro de una estructura empresarial determinada,
a cambio de una retribución económica. El trabajo tiene
un importante valor psíquico en la vida de cada sujeto. Las
ganancias laborales, no son sólo económicas, además
de ser la manera de procurarse un sustento material, el trabajo,
conlleva una serie de satisfacciones personales, afectivas.
Cuando hablamos de función, incluimos el contrato, es decir
que ocupar la función sería realizar el trabajo para
el que ese trabajador ha sido contratado, más allá de
sus prejuicios, preferencias personales, ideología, religión
o sentimientos. Por tanto, para poder realizar la función
es necesario en cierta medida, separar lo personal de lo laboral.
Podríamos decir, que tanto el que inflinge el maltrato como
el que lo sufre, son personas a las que les cuesta separar lo laboral
de lo personal.
II. AGRESIVIDAD
CONSTITUTIVA
Para acercarnos a la posición del que inflige el maltrato,
tenemos que trabajar la noción de agresividad y de agresión
en psicoanálisis. Debemos partir del principio de que el hombre
no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría
defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre
cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una
buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo
no representa para él únicamente un posible colaborador
y objeto de amor, sino también un motivo de tentación
para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad
de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su
consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para
ocasionarle sufrimientos, martirizarlo e incluso matarlo. Homo homini
lupus (Thomas Hobbes): ¿quién se atrevería a
refutar este refrán, después de todas las experiencias
de la vida y de la Historia?
La agresividad está presente en todos los humanos, de forma
más o menos manifiesta, más o menos solapada.
La existencia de tales tendencias agresivas, que cada uno puede
percibir en si mismo y cuya existencia suponemos con toda razón en
el prójimo, es el factor que perturba nuestra relación
con los semejantes. Estas tendencias son, sobre todo, las que dificultan
la vida en común de los hombres y amenazan su perduración;
la restricción de su agresividad es el sacrificio primero
y quizá más duro que la sociedad exige al individuo.
El interés que ofrece la comunidad de trabajo no basta para
mantener su propia cohesión, pues las pasiones instintivas
son más poderosas que los intereses racionales. La cultura
se ve obligada a realizar múltiples esfuerzos para poner barreras
a las tendencias agresivas del hombre o para dominar sus manifestaciones.
De ahí, ese despliegue de métodos destinados a que
los hombres se identifiquen y entablen vínculos amorosos coartados
en su fin (entendiendo como fin el coito). La cultura espera poder
evitar los peores despliegues de la fuerza bruta concediéndose
a sí misma el derecho de ejercer a su vez la fuerza frente
a los delincuentes; pero la ley no alcanza las manifestaciones más
discretas y sutiles de la agresividad humana.
Evidentemente, al hombre no le resulta fácil renunciar a la
satisfacción de estas tendencias agresivas suyas; no se siente
nada a gusto sin esa satisfacción. Por otra parte, un núcleo
cultural más restringido ofrece la muy apreciable ventaja
de permitir la satisfacción de este instinto mediante la hostilidad
frente a los seres que han quedado excluidos de aquél. Siempre
se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número
de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes
descargar los golpes. El fenómeno de que las comunidades vecinas,
y aun emparentadas, son precisamente las que más se combaten
y desdeñan entre sí, como, por ejemplo, españoles
y portugueses, alemanes del Norte y del Sur, ingleses y escoceses,
etc., se denomina narcisismo de las pequeñas diferencias,
y es un buen ejemplo de ello. Podemos considerarlo como un medio
para satisfacer, cómoda y más o menos inofensivamente,
las tendencias agresivas, facilitándose así la cohesión
entre los miembros de la comunidad.
La agresividad es, por tanto, consustancial al sujeto, aunque es
variable la magnitud de su expresión en forma de agresión
hacia los otros.
III. CAUSAS PSÍQUICAS DE MOBBING
Pasamos a examinar las determinantes psíquicas de esta agresividad
en el agresor:
1. AMOR ENCUBIERTO
El maltrato laboral puede encubrir una relación amorosa inconsciente,
que por no ser reconocida o por ser negada, se expresa como agresividad. Si
consideramos las fases del mobbing descritas por algunos de los estudiosos
del tema, podemos observar que la primera de estas fases, es
precedida frecuentemente de una relación cordial entre el
agresor y el agredido.
Entre el odio y el amor hay límite muy delgado, y todos conocemos
casos donde las más grandes enemistades se han precedido de
grandes amores. Rara vez una pareja que se ha amado se separa cordialmente,
sin un poso de rencor. Frente a un odio muy profundo manifestado
en la conciencia, puede existir en lo inconsciente un amor igualmente
intenso.
Conforme al testimonio del psicoanálisis, casi todas las relaciones
afectivas íntimas de alguna duración entre dos personas
-el matrimonio, la amistad, el amor paterno y el filial - dejan
un depósito de sentimientos hostiles, que precisa, para escapar
de la percepción, del proceso de la represión. Este
fenómeno se nos muestra más claramente cuando vemos
a dos asociados pelearse de continuo o al subordinado murmurar sin
cesar contra su superior. Cuando la hostilidad se dirige contra personas
amadas, decimos que se trata de una ambivalencia afectiva.
2. ODIO POR IDENTIFICACIÓN
También puede estar en juego en estos casos un proceso de
identificación. Las relaciones con otros humanos se producen
gracias al proceso de identificación. Decimos que nos identificamos
de dos maneras posibles:
a) Narcisística: A lo que uno es, fue o quisiera ser.
b) Anaclítica: Al padre protector o a la madre nutriz.
El rasgo al que el sujeto se identifica puede ser algo que rechaza de él
mismo o de las figuras parentales, lo que genera agresividad. En el caso que
estamos tratando, el sujeto pasivo de la agresión le señala
o recuerda un defecto propio al agresor, y eso le produce rechazo y
agresividad.
3. AGRESIVIDAD RELACIONADA CON
EL NARCISISMO
Otro factor a tener en cuenta en estos casos es lo que en psicoanálisis
se conoce como el narcisismo de las pequeñas diferencias:
hay cosas que uno de los implicados realiza o piensa de manera diferente
al otro (en este caso el agredido), estas diferencias, pueden ser
vividas como una crítica, y generan también agresividad.
En los sentimientos de repulsión y de aversión que
surgen sin disfraz alguno contra personas extrañas, con las
cuales nos hallamos en contacto, podemos ver la expresión
de un narcisismo que tiende a afirmarse y se conduce como si la menor
desviación de sus propiedades y particularidades individuales
implicase una crítica de las mismas y una invitación
a modificarlas. Pero toda esta intolerancia desaparece, fugitiva
o duraderamente, en un grupo, mientras que la formación colectiva
se mantiene, los individuos se comportan como cortados por el mismo
patrón: toleran todas las particularidades de los otros, se
consideran iguales a ellos y no experimentan el menor sentimiento
de aversión. Tal restricción del narcisismo no puede
ser provocada sino por un solo factor; por el enlace libidinoso a
otras personas. El egoísmo no encuentra un límite más
que en el amor a otros, el amor a objetos. Aún en los casos
de simple colaboración se establecen regularmente entre los
camaradas relaciones libidinosas, que van más allá de
las ventajas puramente prácticas extraídas por cada
uno de la colaboración.
Cuando por cualquier causa desaparece el vínculo libidinal
aparecen los sentimientos de aversión en relación con
las pequeñas diferencias.
4. AGRESIVIDAD SECUNDARIA A CELOS
Los celos son un sentimiento de tristeza que acontece ante la pérdida
real o imaginada de una persona amada, por la intervención
de un tercero. Además de este sentimiento de tristeza, surge
un sentimiento hostil, tanto hacia la persona hasta entonces amada,
como ante la que ha causado los celos. Es muy frecuente en el trabajo
que se produzcan situaciones de celos, los celos siempre nos señalan
la existencia de un deseo. Podemos observar situaciones, donde en
una relación cordial entre compañeros, o entre jefes
y empleados, la llegada de un tercero, que establece una relación
con uno de los implicados, puede hacer surgir en el otro un sentimiento
de celos. En realidad, hay en juego un deseo: el celoso desearía
para sí la relación que el otro ha establecido.
Cuando los celos no son reconocidos, actúan de manera inconsciente:
el celoso no se siente celoso, sino que siente un impulso agresivo
irrefrenable contra su antiguo compañero o jefe o bien contra
el nuevo compañero. Muchas de las situaciones de agresividad
manifestada en el trabajo, van precedidas de situaciones de celos,
lo que explica también la transformación de una relación
amistosa es una relación hostil, que caracteriza mucho de
los casos de mobbing.
5. AGRESIVIDAD SECUNDARIA A ENVIDIA
La envidia es otro de los grandes sentimientos que se observan
de manera muy manifiesta en el ámbito laboral. La distinguimos
de los celos por varias condiciones que le son particulares:
a) Hemos dicho que los celos siempre se desencadenan por la
llegada de un tercero, en la envidia, en cambio, sólo
hay dos en juego. No hay tercero.
b) En los celos hemos dicho que había un deseo: Si el sujeto
reconociera ese deseo y trabajara para él, ni siquiera
llegaría
a los celos. En el ejemplo anterior: si el sujeto siente celos
por una relación que uno de sus compañeros
tiene con otro, puede trabajar para tener alguna relación
con ese otro compañero, puesto que los celos le señalan
el deseo que tiene de establecer esa relación. Pero en
la envidia no hay tal deseo. Hemos dicho que la envidia siempre
es entre dos, no hay tercero. Pues lo que el envidioso envidia
del otro, ni siquiera lo desea, generalmente no le interesa tenerlo,
sino que lo que le interesa es que el otro no lo tenga.
c) En la envidia hay una intención franca de destruir al
otro. El otro le señala al sujeto algo que él no
tiene: eso que envidia, y por eso quiere destruirlo, porque le
señala una falta, una imperfección. El envidioso
tiene la ilusión de que si acaba con el otro, y la manera
más fácil es atentar contra su puesto de trabajo,
puesto que del medio laboral se trata, él queda sin falta,
sin mácula, perfecto, completo.
IV. SOLUCIONES
Si hay determinantes inconscientes de las tendencias agresivas,
existe por tanto siempre la posibilidad de abordar psicoanalíticamente
al agresor. Sería deseable que esto se realizara antes de
que el mobbing haya llegado a su máximo apogeo. Por eso un
equipo directivo entrenado en la detección de situaciones
de celos, envidia, etc, podría evitar de manera muy eficaz
estas situaciones de mobbing.
a) En el caso primero: amor encubierto, el trabajo analítico
iría dirigido a señalar al sujeto que lo que encubre
ese odio, es una cierta tendencia amorosa no tolerada. Habría
que incidir sobre la tolerancia hacia nuestros propios sentimientos,
como humanos que somos, amamos y odiamos, y a veces amamos a
quien no corresponde. Saber que lo que sentimos no se
debe llevar necesariamente a la práctica, es más,
es aconsejable que en la mayoría de los casos no sea llevado
a la práctica, es tranquilizador para el sujeto. No nos
tenemos que relacionar íntimamente con todas las personas
que se nos ocurre amar. En las relaciones laborales siempre hay
una cuota de amor, amor que ya está despojado de la tendencia
sexual del acoplamiento, el amor es el único sentimiento
que nos hace renunciar a nuestras individualidades y poder
pactar con el otro.
b) En el segundo caso: agresividad secundaria a identificación.
El trabajo analítico iría dirigido a que el sujeto
comenzara a poder sospechar de sí mismo y reconocer sus
propios defectos. Tenemos la natural tendencia a proyectar sobre
el otro lo que no nos gusta de nosotros. Y cuando decimos: No
aguanto a ese hombre, o a esa mujer. Si nos paramos a pensar
porqué, es muy posible que aquella característica
por la cual le odiamos, sea un característica de nuestra
propia personalidad. Si aceptamos que eso que nos produce el
otro no es por el otro, sino que es con nosotros mismos con quien
estamos agresivos, eso mitigará el rechazo hacia el
otro.
c) En el tercer caso: el narcisismo de las pequeñas diferencias,
se trataría en el trabajo analítico de potenciar
la tolerancia a las diferencias. Que el otro haga de manera diferente
al sujeto, no implica una crítica a la manera de hacer
del sujeto, simplemente es una manera diferente.
d) En el cuarto caso: la agresividad secundaria a los celos.
Habría
que señalarle al sujeto su deseo. En realidad, cuando
celo, deseo. Y el único camino para conseguir esa relación
que deseo, es trabajar por ella. Todas las relaciones requieren
un trabajo.
e) En el quinto caso: la agresividad secundaria a la envidia,
el trabajo analítico podrá trocar la envidia en
admiración. Si el envidioso reconoce que en realidad admira
al envidiado, la agresividad se atemperará de manera
manifiesta.
Se nos reprochará quizá que no nos hayamos ocupado
de la posición psíquica de la víctima, pero
el trabajo científico exige esos recortes. El tema sería
objeto de otra comunicación, que se extendería tanto
o más que esta. Nos comprometemos a realizar ese trabajo en
otra ocasión.
V. BIBLIOGRAFÍA
- Psicología de las masas y análisis del yo (1920).
Obras completas de Sigmund Freud. Traducción de Luis López
Ballesteros. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.
- Duelo y melancolía (1915) Obras completas de Sigmund Freud.
Traducción de Luis López Ballesteros. Ed. Biblioteca
Nueva. Madrid.
- El malestar en la cultura (1929). Obras completas de Sigmund
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Biblioteca Nueva. Madrid.
- El porvenir de una ilusión. (1927). Obras completas de
Sigmund Freud. Traducción de Luis López Ballesteros.
Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.
- Tótem y tabú (1913). Obras completas de Sigmund
Freud. Traducción de Luis López Ballesteros. Ed.
Biblioteca Nueva. Madrid.
- Introducción al Narcisismo (1914). Obras completas de
Sigmund Freud. Traducción de Luis López Ballesteros.
Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.
- Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis (1932).
Lección XXII. La angustia y la vida instintiva. Obras completas
de Sigmund Freud. Traducción de Luis López Ballesteros.
Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.
- La agresividad en psicoanálisis. Escritos 1. Jacques
Lacan. Ed. Siglo Veintiuno editores
- La "lucha por el derecho" de los empleados públicos
a un ambiente laboral libre de "acoso" o "asedio
moral": una mirada europea e hispanoamericana. Cristóbal
Molina Navarrete.
- El mobbing o acoso psicológico en el trabajo. Iñaki
Piñuel y Zabala . SJA 27/4/2005
Dra. Pilar Rojas
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