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EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Nº 66

EL SÍNTOMA HISTÉRICO (II)

Habíamos señalado que la anatomía de la histeria es una anatomía imaginaria. La lesión de la parálisis histérica será una alteración, por ejemplo, de la concepción o idea del brazo, tal y como se dibuja bajo los vestidos. Pero, ¿de qué clase es esta alteración para producir la parálisis? Considerada psicológicamente, nos dice Freud, la parálisis del brazo consiste en que la concepción del brazo queda imposibilitada de entrar en asociación con las demás ideas que constituyen el yo, del cual el cuerpo del individuo forma una parte importante. Lo ilustra con la historia cómica del súbdito entusiasta que juró no volver a lavarse la mano que su rey se había dignado estrechar. El brazo se comportaría como si no existiese para el juego de las asociaciones.

En los Estudios sobre la Histeria, de 1895, Freud escribe, en colaboración con Breuer, el texto El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos, donde plantea, como su título indica, la intervención de un mecanismo psíquico en la producción de los síntomas histéricos.

En un primer momento los pone en relación con lo que denomina trauma, sucesos de precoz experiencia sexual pertenecientes a la más temprana infancia. Existiría un "trauma psíquico" que estaría en relación causal con los síntomas histéricos. Lo que sucede es que el sujeto nada sabe de esa relación, él desconoce la existencia de ese trauma, de ese suceso, que permanece inconsciente.

Va a señalar que la aparición de la histeria puede ser atribuida casi siempre a un conflicto psíquico, en el que una representación intolerable provoca la defensa del yo e induce a la represión.

Parte del planteamiento de que todo suceso, toda impresión psíquica, se halla provisto de un cierto valor afectivo que ha de descargarse por reacción, bien por medio de una reacción motriz, bien mediante una labor psíquica asociativa y dado que en la histeria esto último está imposibilitado, la energía no liberada por elaboración tendería a descargarse por conversión o transformación, a través de la inervación somática, de la excitación psíquica en síntomas somáticos permanentes.

Es decir, ya desde un principio relaciona la histeria con la sexualidad infantil, la represión y la imposibilidad de derivar una excitación psíquica por vía psíquica, derivándola por vía somática. En la histeria se reprime la sexualidad infantil actual en el sujeto, consiguiéndose una satisfacción sustitutiva mediante el síntoma.

En La interpretación de los sueños Freud desarrolla la tesis de que el sueño, después de la interpretación, se nos muestra como una realización, disfrazada, de un deseo sexual, infantil, reprimido. Así mismo plantea que el síntoma histérico es del mismo orden del sueño, o como más tarde los llamará Lacan, formaciones del inconsciente.

Al igual que en el sueño, en el síntoma histérico se realizan dos deseos de orden contrario, es una transacción. Y para ilustrarlo nos trae el caso de una paciente con vómitos histéricos: En una paciente demostraron ser los vómitos histéricos la realización de una fantasía inconsciente de sus años de pubertad, esto es, la del deseo de hallarse continuamente embarazada, tener muchísimos hijos y tenerlos del mayor número posible de hombres. Contra este deseo se elevó naturalmente un poderoso impulso defensivo. Pero dado que los continuos vómitos habían de desmejorar a la paciente, haciéndole perder su belleza, de manera que no pudiera inspirar a los hombres ningún deseo, resultaba que también el proceso mental punitivo hallaba su realización en el síntoma. Aprobado así por ambos lado, podía éste pasar a la realidad.

Dra Pilar Rojas

 

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