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EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Nº 64

EL SÍNTOMA HISTÉRICO (I)

En 1893 Freud publica Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas, su primer trabajo sobre el tema, en el que dice de una manera tajante: afirmo que la lesión de las parálisis histéricas debe ser completamente independiente de la anatomía del sistema nervioso.

Las teorías que se manejaban en esta época sobre las causas de la histeria, los trabajos de Charcot y sus discípulos, del que también fue alumno Freud en la Salpêtrière, postulaban que los síntomas histéricos se debían a una lesión orgánica, de carácter dinámico o funcional. Es decir, una lesión, por ejemplo un edema, que no producía ninguna modificación perdurable en los tejidos y que por tanto no se apreciaba en una autopsia.

Pero, va a señalar Freud, en todo caso, si tales lesiones existieran, aunque fueran ligeras y fugaces, serían verdaderas lesiones orgánicas, por tanto, las parálisis producidas por este tipo de lesiones deberían compartir todos los caracteres de la parálisis orgánica, porque lo que determina los síntomas en una parálisis orgánica son la extensión y la localización de la lesión, independientemente del tipo de lesión, es decir que los síntomas de las parálisis orgánicas van a depender de la anatomía.

En este trabajo realiza un estudio comparativo minucioso de las características que presentan las parálisis histéricas y las parálisis orgánicas para concluir lo que habíamos señalado: no existe lesión orgánica que justifique los síntomas histéricos.

Así, la parálisis histérica aparece más disociada y sistematizada que la parálisis cerebral: los síntomas de la parálisis orgánica se nos muestran en la histeria como fragmentados. Por ejemplo, en una hemiplejía orgánica se produce parálisis de los miembros superior e inferior del mismo hemicuerpo y parálisis del nervio facial inferior. Por el contrario la histeria no reproduce sino la parálisis de los miembros, e incluso disocia con gran frecuencia y con la mayor facilidad la parálisis del brazo de la de la pierna, presentándolas separadas en forma de monoplejías.

Este mismo poder de fragmentación se manifiesta en la histeria con la aparición de parálisis aisladas de un segmento de un miembro, con integridad completa de todas las partes restantes del mismo, o también con la abolición completa de una función, con integridad de otra función ejecutada por los mismos órganos, hechos ambos que nunca se producen en una parálisis orgánica.

El grado de afectación en la parálisis histérica es el mismo para todo el miembro afectado, es decir, en la parálisis de un brazo la intensidad de la parálisis es igual en el hombro que en la mano, mientras que en una parálisis orgánica la pérdida de fuerza es más intensa en las zonas distales, mayor en la mano que en el hombro.

Otro punto que le llama la atención es que ciertas formas de parálisis cerebral no se dan nunca en la histeria, por ejemplo, la parálisis del facial inferior, que por otra parte es una de las manifestaciones más frecuente de una afección orgánica.

Después de este recorrido en el que reseña las características diferenciales de ambos tipos de parálisis concluye que la histeria se comporta en sus parálisis y demás manifestaciones como si la anatomía no existiese o como si no tuviese ningún conocimiento de ella. Lo que viene a plantear aquí es que en la histeria lo que está en juego es la concepción vulgar, popular, de los órganos y del cuerpo en general, que se funda no en un conocimiento profundo de la anatomía nerviosa, sino en nuestras percepciones táctiles y, sobre todo, visuales, es decir, la anatomía de la histeria es una anatomía imaginaria, un cuerpo imaginario.

Dra Pilar Rojas

 

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