EXTENSIÓN
UNIVERSITARIA Nº 44
ASPECTOS PSÍQUICOS DE LA ÚLCERA PÉPTICA
(II)
¿Qué entendemos por susceptibilidad a la infección? Nos
dice Freud en 1905, en Psicoterapia por el espíritu: "los
grandes afectos, tienen íntima relación con la capacidad de resistencia
frente a las enfermedades infecciosas; buen ejemplo de ello es la observación,
efectuada por médicos militares, de que la susceptibilidad a las enfermedades
epidémicas y a la disentería es mucho mayor entre los contingentes
de un ejército derrotado que entre los vencedores", es decir, lo
psíquico como determinante de la susceptibilidad.
Pero es más, el HP se encuentra en el 70% de las úlceras gástricas
y en el 92% de las duodenales, no todos los enfermos con úlcera están
infectados por HP.
Aunque la erradicación del germen, con tratamiento antibiótico,
lleva a una más rápida curación y a una disminución
de las complicaciones y recidivas, éstas no desaparecen aún en
personas en las que se ha erradicado la infección. La úlcera péptica
es una enfermedad crónica cuya evolución natural es la curación-recidiva.
El hecho de que en el 100% de los casos de úlcera duodenal exista concomitantemente
una gastritis crónica (un término anatomopatológico que
indica "inflamación crónica"), nos hace pensar en la
relación entre gastritis y úlcera (la gastritis como estado premórbido),
pero en cualquier caso se estima que sólo el 11% de los que tienen gastritis
desarrollan úlcera. Nos dicen diversos autores: "parece razonable
suponer que los factores ambientales conducen a una úlcera en individuos
genéticamente susceptibles".
Individuos que en razón de su herencia tenderían a desarrollar
la úlcera. No sabemos en qué consiste esa herencia, se invoca una
mayor incidencia de úlcera entre los familiares de primer grado de un
enfermo. Y aquí nuevamente el rastro de lo psíquico en la enfermedad,
lo que se hereda es el lenguaje, las formas de relación con
el mundo, el complejo de Edipo.
La sabiduría popular relaciona la úlcera con la incapacidad de
expresar emociones, "si no digo lo que siento, lo que pienso, me va a salir
una úlcera". La imposibilidad de traducir en palabras los "sentimientos" estaría
en la causa de la enfermedad. El cuerpo como escenario de lo psíquico.
Retomando nuevamente el texto de Psicoterapia por el espíritu nos
dice Freud "los afectos en sentido estricto se caracterizan por una muy
particular vinculación con los procesos corporales, pero en realidad todos
los estados anímicos, incluso aquellos que solemos considerar como procesos
intelectivos también son en cierto modo afectivos, y a ninguno le falta
la expresión somática y la capacidad de alterar procesos corporales".
Podríamos poner múltiples ejemplos, pero en relación al
tema que estamos tratando citaremos la fase cefálica de la secreción
gástrica donde un pensamiento, una idea, produce una modificación
de una función fisiológica.
Siguiendo con el texto de Freud leemos "los afectos a menudo son también
por sí mismos causas directas de enfermedades tanto del sistema nervioso
-con alteraciones anatómicamente demostrables- como también de
otros órganos.
El ulceroso es incapaz de poner en palabras sus sentimientos, la
incapacidad de derivar la tensión psíquica por vía psíquica le
lleva a derivarla por vía somática. No se irrita, no se enfada,
le duele la úlcera. No tiene los límites del lenguaje, sino los
de su cuerpo, porque es el lenguaje lo que permite simbolizar lo psíquico
y lo somático. En el ulceroso se produce una alteración en su anatomía,
en lo real, una lesión corporal, a diferencia de la histeria.
Se produce un agujero en su propio cuerpo.
El síntoma clásico de la úlcera es el dolor abdominal, que
es referido por el enfermo como un dolor urente, corrosivo y a menudo asociado
con ardor, "como un fuego". Calma con la ingesta de alimentos
para reaparecer al poco tiempo con igual o mayor intensidad.
La etiopatogenia del dolor en la úlcera no está clara. En cualquier
caso el dolor es algo subjetivo, diferente para cada uno, no se puede medir ni
objetivar, nunca existe una concordancia entre el grado de lesión anatómica
y el dolor. Algunos enfermos tienen dolor aunque ya no tienen una lesión
anatómica. En un porcentaje mínimo no existe dolor y el primer
síntoma de la enfermedad es la aparición de una complicación,
como una hemorragia digestiva.
También en el dolor, en el síntoma hay algo psíquico, hay
algo más de lo que se duele.
Toda su vida gira en torno a su dolor, en una relación autoerótica.
El dolor le hace establecer una relación peculiar con la comida y esta
relación dirige la vida del enfermo, sus relaciones laborales
y familiares, le impone un ritmo
determinado: "tengo que comer algo" o "voy a comer ahora porque
si no me va a dar el dolor", pero que curiosamente es un espejismo,
calma pero reaparece.
"Esto no lo puedo comer porque me produce o me aumenta el dolor". Incluso
en las épocas asintomáticas tiene una relación ambivalente
con la comida, hay algo de glotonería que no está exenta de sentimiento
de culpa, "no debería hacer esto".
A diferencia de otras enfermedades psicosomáticas, como el asma o la HTA,
donde se produce una afectación difusa o generalizada del sistema u órgano
del que se trate, en la úlcera la lesión no es generalizada, es
menor de 1 cm como habíamos dicho, un pequeño agujero que se convierte
en el ombligo de su vida. Todo su mundo queda reducido a ese agujero, en una
relación narcisística.
Se comporta como un psicótico y organiza desde ese agujero la relación
con el mundo, a través del dolor: el horario de comidas, el tipo de comidas,
el tipo de relaciones. Pero ese pequeño agujero en lo más profundo
de su cuerpo tiene tal poder que incluso cambia el aspecto físico del
enfermo. Todos hemos oído decir alguna vez "tiene cara de ulceroso",
falto de sonrisa, hierático, nada le inmuta, con la mano en el estómago,
a modo de Napoleón, un loco que domina el mundo.
Habíamos dicho además que se trata de una lesión que cursa
en brotes, una enfermedad crónica, que cura y reaparece, siempre en el
mismo lugar, también a diferencia de otras enfermedades psicosomáticas,
insiste, con una compulsión a la repetición.
En el tratamiento de la úlcera por tanto sería imprescindible cambiar
esa manera de relacionarse con el mundo, que el "soy ulceroso" que
le define pueda unirse a otras frases y en esa articulación, incluyendo
al semejante, incluyendo lo psíquico, no necesite ser ulceroso, algo que
posibilita el Psicoanálisis.
Pilar Rojas. Médico-Psicoanalista
Madrid:
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